Había una vez un semidiós al que se le interrumpía frecuentemente para que realizara misiones. Vivía en una casa de siete pisos. Al ático, el piso más bonito de la casa, de unos veinte pies de altura, se llegaba mediante una escalera de caracol oscura e interminable que comenzaba en el sótano, un calabozo dentro de una estancia maravillosa.
El semidiós era capaz de hacer crecer las flores de su jardín mediante un hechizo:
¡Elévense, flores, entre los árboles de los elfos y los enanos!
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