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Wednesday, June 26, 2013

De hombre a dios

Reporte de lectura de "Las Metamorfosis" de Ovidio, escrito entre noviembre y diciembre de 2005 para un curso universitario, cuyo contenido y creadora abrieron fisuras en mi pensamiento.

Todo es desorden y caos, una lucha entre la naturaleza y los dioses. La naturaleza cede y empieza la creación: además de seres vivos cuya piel se corta, la espada se crea también: es el fin de la primavera eterna. Ahora siento la necesidad de poseer, de dirigir los cuatro vientos a mi conveniencia. Comienza la guerra. Puedo ver a Saturno, el Titán, devorar a su propio hijo. Tengo un trono en el Concilio, y acuerdo acabar con los gigantes. Comienzo la Gigantomaquia. También acuerdo desterrar a nereidas, sátiros y faunos a que vivan en la Tierra. Presencio el atrevimiento de Licaón, quien corta la garganta de sus verdugos para presentármelos en un banquete. Tiene que ser castigado por discutir mi omnisciencia. Incendio su casa invocando a los cuatro elementos… Despierto de este sueño, pero al mismo tiempo, deseo quedarme y conocer más, poseer la inmortalidad de las deidades. Pero las puertas del Olimpo se me cierran por un instante y me encuentro de nuevo en el mundo real. He sentido algo que es difícil que sienta con una obra literaria de la actualidad. Ni siquiera con mi mago favorito (seis libros y cuatro películas) había experimentado tal presencia. Las transformaciones que sufren quienes lograr desafiar a los dioses puedo sentirlas también. Claro que no me convertiré en árbol por ceder mi castidad sexual. Hablo del fondo de las transformaciones, las que se dan en el interior, aunque se tenga que sacrificar la piel exterior. Como la mutada Dafne y la violada Ío, quienes lucharon por lo que creían, incluso si todos los demás estaban en contra. Así me identifico con estos seres que empiezan a morar en mí, quienes al final encuentran redimirse y lograr la eternidad divina y literaria.


Ya departimos sobre las reflexiones de un pensador que se originaron hace cientos de años, sobre la vida de los grandes héroes mortales antiguos, sobre lo increíble de los viajes en el otro extremo de la Tierra y sobre las grandes obras universales de principios del milenio. Dichas obras parecerían incluirse entre los trescientos libros que uno tiene que leer en su vida. Pero Las Metamorfosis tiene que ser el trescientos uno. ¿Por qué? Unos dicen que tienes que empezar a leer a Ovidio para descubrir y disfrutar el fascinante y cada vez más seductor mundo de los dioses. Otros manifiestan que la calidad de Ovidio es comparable a la de Virgilio y de Hesíodo, sus influencias. Pero yo sostengo que la aproximación al conocimiento de las necesidades y emociones humanas es la principal arma del libro, la habilidad del autor de cautivar con las historias clásicas a lectores como ustedes y yo. Por ejemplo, el triángulo amoroso Calisto-Diana-Júpiter me demuestra que aunque la situación sea adversa, habrá algún cielo en algún lugar en donde brillemos con mucha más intensidad. Incluso el sexo y las técnicas de seducción que involucran a estos dioses también las vi de otra forma. Así también espero que, al leer este libro, sientan y se adentren en el universo que hizo que yo también sufriera una metamorfosis: la habilidad de ser un dios más, un ser del bosque, un titán o un animal que espera el auxilio de las musas. Solo espero que todos ustedes también sientan la emoción de cuando fui Apolo y maté con mis mil flechas a la serpiente Pitón, engendrada por la naturaleza, instaurar unos juegos en mi honor, y premiar las cabezas de los ganadores con las hojas inmortales de mi árbol sagrado.

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