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Tuesday, June 18, 2013

Sin título IV

La gente que uno quiere tiene la habilidad de morir varias veces, dijo Francisco, sentado en la mesa del comedor. Los que aún estamos vivos lo sabemos: ya sea que aparezcan de imprevisto o finjan nunca haberse ido, no nos asombramos. Lo que resentimos es cuando les llega el momento de partir otra vez. No nos cabe en la cabeza que regresarán. En ese momento las lágrimas y la tristeza no nos abandonan. El ardor queda el pecho cuando se les olvida que solo nos han dejado con nuestra cotidianeidad.

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